Salida a comer un helado

–Y entonces, ¿Cómo te fue? –preguntó ella curiosa por mi encuentro.

–Bien. Casi perfecto.

– ¿Casi?

–Sí, –contesté–llegué temprano, aun cuando ella me había confirmado que llegaría tarde.

Mi cuerpo empezaba a traicionarme a medida que los minutos pasaban. Me dio hambre cual estomago cruje de dolor, pero las náuseas aparecían esporádicamente recordándome que frágil era en ese momento. El baño fue mi consuelo durante unos minutos, y luego una botella de té calmó mis nervios. Poco a poco el tiempo avanzaba y yo no percibía el pasar de este, veía como las parejas se encontraban alrededor mío, las familias caminaban juntas y los niños preguntaban mientras jugaban que si estaba esperando a mi novia. Solo podía sonreír y mentirles piadosamente para no sobresaltar mi espera y la paciencia de los nenes. La idea de que no llegara pasó por mi mente en varias ocasiones, y esta se materializó casi por completo cuando llamé a su celular, y no contestó. El piso que estaba bajo mis pies temblaba, las náuseas volvieron y lentamente volví a mi idea inicial: ¿Por qué había ido hasta aquel lugar? Mis ideas se repelían entre ellas y los buenos deseos denigraban las cosas que había pensado para aquella situación. Acaso era malo. No, siempre había tenido dudas de su presencia en aquel encuentro, e incluso había pensado excusas para reforzar la idea del rechazo, aunque sabía que de igual manera dolería. Después de casi una hora de ansiosa y dolorosa espera, mi teléfono sonó. Temí lo peor.

–Espera… Duraste una hora esperando. Pero que mijo, ni porque realmente fuera su novia.

Sonreí al comentario de mi amiga.

–Puede que sea verdad–contesté un poco avergonzado de mi paciencia.

–Bueno, usted contestó. ¿Era ella?

–Sí.

Ella, su melodiosa voz, ese sonido alegró mi ser. Pero a mi llegaron ideas vagas y desoladoras cuando escuché de parte de ella: “Lo siento, ¿ya estás allá?” Mi respuesta no fue un sí minimizado por un gemido. La ira casi me invadió y estaba preparado para cualquier cosa que fuera a decir. Realmente aceptaría cualquier excusa. Para ser mi primera cita con una chica, había sido exitoso el hecho que hubiera siquiera aceptado mi invitación.

Mi amiga sonrió, al parecer mi sinceridad le había llegado.

–Qué lindo –dijo mi amiga. – Pero que te dijo después. No iba llamar a cancelarte, ¿o sí?

–No.

Mi silencio la dejó perpleja después de mi respuesta, realmente pensé en dejar la historia en ese punto y el resto guardarlo en mi corazón, pero no podía. Si no le contaba a nadie explotaría.

–Entonces, ¿qué te dijo?

–Primero se disculpó, y cuando estaba dispuesto a aceptar cualquier excusa de su parte, me dijo: “Estoy en otra puerta, tu dónde estás”. Para mi esas palabras fueron un detonante en mí. Empecé a sudar, las piernas comenzaron a temblar y mi respiración se aceleró. Realmente pensé que me iba a pasar algo.

Una carcajada de mi amiga interrumpió mi relato, trató de cesar completamente pero no lo logró del todo.

Me levanté de la silla donde esperé casi una hora y me acerqué a la puerta donde era nuestro encuentro. Por más que me convencí a que era para que ella me encontrara más fácil, una parte de mi esperaba salir corriendo. Realmente estaba asustado. Mientras estaba apoyado sobre la pared anexa a la puerta, mis piernas no paraban de temblar, el estómago me estaba pasando factura y mis pensamientos se iban adormeciendo. Mi estado de ánimo se estaba volviendo muy pesimista, pero no duró mucho. Al levantar la mirada la vi a ella. La chica que había conocido por la red, estaba frente a mí, la misma chica a la que le había abierto mi corazón por chat, a esa chica que poco a poco me cautivaba con cada foto, con cada voz de audio, por cada letra que respondía a mis pendejadas, esa chica a la cual pensé muy diferente a como se mostraba en su perfil de Facebook, a menos de cinco metros. No la había visto llegar, pero cuando se acercó no importó que camino había tomado para llegar a dicho lugar, para mi ella había cumplido, incluso, si me decía que debía marcharse de una vez.

–Puedo preguntar por qué hacer un drama por el encuentro con una chica. Yo he tenido muchísimas citas con chicos y no le veo nada de especial.

–Ese creo que fue el problema. Para mí era la primera cita. Nunca había salido con chicas, y para mí la relación que teníamos en la red social fue muy emotiva para mí. Sí, me había enamorado de ella desde el primer momento que la vi.

Al verla, me acerqué como pude, le tendí mi mano y le ofrecí un beso en la mejilla. Me presenté como si nos conociéramos por primera vez, aunque realmente era así. “Mucho gusto”, dije mi nombre y ella el suyo.
Iniciamos a caminar hacia el interior del centro comercial mientras escuchaba las excusas de su tardanza para llegar. No me importaba realmente. Ver que realmente había llegado era suficiente, es más hubiera esperado una hora más y no me hubiera importado. Caminamos sin rumbo fijo, la conversación inició amenamente, y poco a poco empecé a conocer un poco más de ella, quien era, que quería, sus sueños y metas, sus fortalezas y debilidades. Poco la interrumpía, pues me encantaba observarla, era tan natural. Realmente me agradaba dicha sensación.
La conversación fluía y cuando ella perdía la continuidad del tema, una pregunta por mi parte aparecía, pero si ella era la que preguntaba, mi mente no conectaba con mi boca y el gagueo era muy común en mis respuestas. Eso a ella la hacía reír furtivamente.
Ese día el centro comercial estaba muy lleno, y eso que estábamos en el centro comercial más grande de Latinoamérica, y ella fue contundente a decir que odiaba las aglomeraciones, así que dije que saliéramos del centro comercial para tomar aire fresco de la calle, y bajando las escaleras la agarré de la mano evitando perderla frente a un tumulto de personas que iban en contravía.

–Claro que sí… – mi amiga reía picaronamente –solo le cogió la mano por esa razón.

–Realmente fue muy raro. El hecho de tomar la mano de una chica era muy extraño. –la miré. Mi amiga o cualquier persona podían pensar como quisiera, y aun cuando no era la primera mano que tomaba, era la primera que apetecía tomar con todas mis fuerzas.

Salimos del centro comercial. El día estaba precioso, pero me gustaba más admirarla a ella que contemplar el sol de aquella tarde dominguera.
Decidimos, bueno, yo decidí, después de una breve caminata que deberíamos comer algo, y le preguntó en tono casual si ella había comido algo antes de encontrarse conmigo. Ella con cara de vergüenza y toques picaros dijo que sí. Pregunté al ver su gesto y como su hubiera visto tras su mentira, respondió resignada “un helado”. La reprendí en son de broma, y ella aceptaba que el “helado”, no era digno de ser un almuerzo. La invité a comer, de hecho la empujé para que entrara al local de comidas rápidas, pues asumí que no querría un almuerzo tradicional.
Mientras esperamos nuestras hamburguesas, hizo chistes, me contó cosas, e incluso mostró cosas que no había visto de ella. Me contó de su situación y yo de la mía. Incluso hizo una broma con unos pitillos y su nariz, y aun cuando para todos los que la vieron, fue desagradable, a mí en cambio me pareció una muestra de que confiaba en mí.
Después de comer, decidió volver al centro comercial, mientras le contaba que tenía un don, el don de ser interrumpido. A ella le pareció chistoso, pero unos minutos después se dio cuenta a lo que me refería, y poco a poco que iba avanzando la tarde, lo tomó como excusa para molestarme.
Caminamos y charlamos de temas varios, de cómo había sido de pequeña, de con quién vivía yo, y de cómo había sobrevivido desde su casa hasta el centro comercial, puede que parezcan temas muy patéticos y aburridos, pero aun cuando tomaba nota de cada una de sus palabras, me importaba algo más. Su mano no se separaba de la mía. Aun cuando nuestros dedos no se entrecruzaban, para mí era un detonante emocional. El corazón se me iba a salir del pecho.
Me contó de sus andanzas con sus amigos y yo de las mías con mis jefes, a lo cual pareció no importarle, pero de alguna manera me hacía sentir como si le importase. Varios minutos después le propuse ir a comer helado. De alguna forma esta era el objeto de la salida. Mientras esperamos en la fila para pedir, me quitó de buena gana el teléfono y buscó fotos. Me sentía avergonzado, y no era por tener cosas indecentes, sino que las pocas fotos del aparato eran de ella. A ella no le pareció importarle. Después de una aparente y decepcionante búsqueda, me devolvió el teléfono e inició una espléndida galería de “selfies”. Estuve a punto de tener un derrame nasal de lo emocionado que estaba en aquel momento. Aún sigo diciendo que quiero esas fotos.
Al llegar al punto para poder generar nuestro pedido, creí que no era conveniente comer mucho, así que le dije que pidiera para ella y que yo le robaba un poco de helado pues aún estaba lleno de la SUPERMEGAHAMBURGUESADOBLE que hace menos de 2 horas habíamos
comido. Ella después de intentar convencerme comer también, aceptó solo pedir un helado grande para los dos.

–Por qué estás tan rojo. –mi amiga volvió con su risa. –Te sonrojaste. Cuéntame, qué pasó. ¿Algo paso con el helado? –como si hubiera estado ahí, dio en el blanco.

–La verdad primero le echo la culpa al helado, ambos decidimos sin ponernos de acuerdo en que iba a ser de chocolate, así que tanto chocolate creo que se nos subió a la cabeza. O esa es la versión que puedo ofrecer, aun cuando no quiero aceptar. –mis palabras parecían martillar de forma alegre los oídos de mi pequeña amiga.

–Pero cuenta, qué pasó.

–Primero pues, empezamos a comer, el helado estaba delicioso, y aún más cuando fue ella que me paladeaba. El calor del gofre y la salsa de chocolate, y el frio del helado hacia que todo en mi mente fuera de ella y el helado desaparecieran. Era una sensación muy excitante, pero eran más provocador sus gestos, sus miradas, nuestros acercamientos.

–Pero muy juntos o no tan juntos.

–Pues que te digo yo. Habíamos tomado una mesa, pero solo se usó la silla de ella. Así que estábamos a menos de treinta o veinte centímetros. Intento y no puedo dejar de pensar en esa boca que comía coquetamente el helado.

– ¿Y? –la pregunta que no quería escuchar salió de mi amiga haciéndome perder la imagen mental que tenia de la chica comiendo helado. –Intentó algo.

Bajé la cabeza y susurré un “No” muy desanimado. Un segundo después sentí como mi cabeza fue golpeada ligeramente.

– ¿Por qué? –preguntó ella enojada conmigo. Levanté la cabeza y lo confirmé. Había furia en sus ojos, aunque lentamente se suavizaron. –Generalmente esa es una señal para que ustedes avancen.

–Eso lo sé. Es más lo pensé, y de hecho lo intenté pero me fue muy complicado hacerlo, así que lo dejé. Puede que ella con sus ojos me dijera una cosa, pero yo no quería ni malinterpretar la situación, ni excederme de buenas a primeras. Hoy, estoy seguro que si la hubiera besado, me hubiera dejado ahí botado.

– ¿Y si no? –sus palabras fueron un detonante.

– ¡También lo pienso!, y eso es lo que más me da piedra. Hay un dicho que dice que es mejor arrepentirnos de haberlo hecho mal a no haberlo hecho, y ese es el caso que me agobia. – suspiré y traté de calmar mi ira.

– ¿Después hubo más ocasiones?, me refiero a que si esa química que usted sintió se manifestó en algún otro momento de la tarde.

–Varias veces, pero no fueron tan fuertes como cuando estábamos esperando el alimentador. Dios, que momento tan incómodamente cautivador. Ella me hablaba, y no podía dejar de ver sus ojos, y su boca. La abrazaba y ella no me hacia el feo, de hecho yo era el que retrocedía pensando en que tanta demostración de cariño la enojaría.

–Eres un IMBECIL –ambos reímos pues ella tenía razón, y al ver que no hablé más preguntó: – ¿cómo fue la despedida?

–La verdad, la acompañé hasta el bus, y aun cuando mi camino sería largo no me importó, y no sé si ella fue consciente de eso.

Realmente no sé si fue algo tan fuerte como yo lo sentí, pero estuvimos frente a frente. Cara a cara, nuestros ojos se encontraron pero en vez de intentar un beso ella acomodó su cabeza en mi pecho, y yo posé mi rostro sobre su hermoso cabello. En ese momento mi corazón latía a mil por segundo. Olí su pelo: delicioso, pero eso aumento mi ritmo cardiaco. Traté contenerme pero cuando su rostro volvió frente al mío, su mirada me hizo saber que conocía y entendía mis latidos. Luego de un par de minutos su ruta llegó, y se fue. Separamos nuestras manos, y con un beso y “escríbeme cuando llegues a tu casa”. Y sacudiendo la mano me despedí de ella.

– ¿No más?

–No–dije también desilusionado.

–Fresco, –dijo mi amiga mientras me miraba con unos ojos maternales –recuerdas que te dije que cada quien tiene alguien esperándolo en algún lugar. Además es su primer amor, es su primera cita. Todo mejorará

–Lo sé, pero sé que quiero de ella no lo podré conseguir. –Dije, y luego le aclaré que no me refería a sexo –, además puede que todo lo que te conté de la cercanía y esas cosas fueran solo producto de mi enamoramiento. Lo más probable es que sea un mal entendido y más adelante me duela.

– ¿Por qué?, puede que lo que digas de la química puede ser cierto, una salida a comer helado no es suficiente para conocer a alguien, y menos para enamorarte. Claro está que el amor a primera vista existe. No conozco casos, pero debe existir, y como tú la conociste más desde chat, eso digamos que puede ser el detonante para este sentimiento. Puede ser. Así que por qué dejar esta oportunidad a un lado. De pronto en una o dos salidas las cosas entre tú y ella se den.

–No creo. –Dije un poco cabizbajo – Ella tiene novio.

Aquella frase sepultó todo. Por más argumentos que tuviéramos mi amiga y yo, todo se iría al caño.

–Pero tú no vas por el novio. –un chiste muy común entre los chicos no fue suficiente para que mi rostro que ahora estaba realmente triste.

–Yo como hombre no quisiera que me quitaran a mi novia. Así que si tiene novio, debo respetar eso. Sería diferente si las cosas entre ellos acabaran, de esa manera podría lanzarme al ruego, como se dice vulgarmente, pero sería a un ritmo más suave. No quiero mostrar el hambre. –una sonrisa se dibujó finalmente en mi rostro.

–Pos si es así, creo si ella no termina con él, al final entonces terminarás olvidándola.

–Ese es el problema. Se me olvidó decirle que tengo un don, este don consiste en tener una excelente memoria para las cosas que más me apasionan, y ella se volvió en algo que va más allá de solo apasionarme.


Cuento escrito en Marzo de 2015, y editado en diciembre del 2017.