No pude escribir
Tenía un cuento esta mañana en la cabeza.
Me da tanta piedra que no lo pude escribir por estar trabajando, y me duele mucho pues soy consiente que mi cabeza muy mala, en cuanto a memoria se refiere, entonces siento que la historia que empecé a escribir después no es el maravilloso cuento que le conté a mi yo mientras tendía la cama. El relato que tenía en la mañana, se contaba sola, cumplía un objetivo, resolvía una pregunta, se desarrollaba por si misma, en cambio lo que digité en el computador está tarde/noche, tratando de huir del trabajo, es forzado, más serio, menos convincente, y aunque con el mismo tema, se siente un claro sentimiento de obligación entre sus espacios, eran un montón de palabras que solo iba avanzado sin un rumbo coherente, uno que de seguir en él, no trazaría ningún camino. Horrible.
¿Sirve de práctica?
No, para nada. Un cuento impuesto no me aporta nada, son como palabras vacías que no agitan el espíritu, es como un beso con asco, un abrazo a un enemigo o una mirada a la nada. Se puede decir que ayuda si nos referimos a la práctica, y puede que a algunos si les sirva, e incluso les favorezca, pero para mí, ese tipo de escritos, llegan a ser una carga en vez de una contribución. No soy del tipo de escritores que pone palabras sobre el papel, o digita en el computador, porque hay que llenar una página, y crear otro cuento, para nada, yo me considero un amante a las palabras, a las historias que nacen de un sentimiento y esos relatos que te quitan un pedacito de tu alma para que sientas que tienen vida. Escribir, cualquiera puede, pero yo no busco solo “escribir”, yo trato de ir más allá, de hacer que el lector me entienda, me escuche y al final me diga, entre este mundo digital: “Valió la pena haber leído el cuento, me dejó algo”.