Una idea en mi cabeza… Parte 2

La primera parte aquí

La idea de suicidarme me ahogó de una forma tan voraz, que mi cuerpo y mi mente se separaron. No podría moverme, aun cuando mi mente gritaba, pataleaba y se retorcía. Fue una sensación tan déspota, tan humillante, tan absurda. 

De mis labios salían palabras que no podía dejar de pronunciar, palabras que no tenían sentido, balbuceos que inicialmente Anny no escuchaba y que poco a poco intentó escuchar, pero a los cuales su enojo no la dejaban desencriptar. 

Un segundo después tuve una especie de parálisis, fue bastante dolorosa y aunque no grité, mi cuerpo sí se estremeció a tal punto que el rostro de mi novia cambió. Ya se había rendido en arrastrarme por el piso, y yo por algún motivo no podía levantarme, aunque quisiera. 

Después de un rato solo hubo silencio, oscuridad, penumbra. No recuerdo en qué momento mi novia apagó la luz, pero no veía nada. En cambio, sí escuchaba cosas arrastrándose, moviéndose sobre el piso, también escuchaba sirenas de ambulancias y fuegos artificiales.

Unos cuantos gallos cantando y una risa de bebé me asustaron. Intenté moverme, pero sentía una presión sobre mi cuerpo que me lo impidió. Noté que alguien respiraba frente a mí y con un susurro supremamente suave decía que debía morirme. Por alguna extraña razón pensé que sí, era lo justo: “No puedo continuar con una patética vida como la mía”, y sin más me levanté del piso. La luz volvía a estar encendida. 

Estaba enojado así que caminé hacia el comedor de la casa y me senté en una de sus sillas, y mirando al vacío empecé a pensar como matarme. Debía cortarme, arrojarme a un carro, lanzarme por la terraza (tercer piso) de mi casa, saltar de un puente, ahorcarme, buscar un arma y dispararme, ¿y si mejor me botaba a un río? 

Antes había tenido episodios similares, pero las dos veces había fallado. La primera vez me dio miedo, en la segunda vez un policía evitó que saltara del puente, así que pensé que debía ser algo muy concreto y efectivo, por ende, descarté tomar pastillas. 

La manía de pensar cosas absurdas me llevó a la pregunta obvia, ¿Por qué quiero suicidarme?, y la voz en mi interior me decía que no valía nada, y yo le daba la razón, para que seguir perdiendo el tiempo.

Aquella mañana habíamos hablado con mi novia de la muerte de las personas, y eso me había dado mucho empuje a mi decisión. Tenía miedo de seguir viviendo y que la gente se sintiera decepcionada de mí.

No quería que mi mamá siguiera ignorándome, que mi hermano me siguiera criticando, que mi familia sintiera pesar de mí, que mi novia estuviera con un fracasado. No quería que la vida me diera sorpresas. Me dio miedo continuar viviendo para nada. “Debo matarme”, pensé nuevamente.

Mi novia se sentó junto a mí y con un regaño me dijo que me fuera, y volví a balbucear que me quería matar, que estaba enojado conmigo mismo, que yo era un cobarde, que no valía la pena vivir, que no siguiera conmigo, que nunca podría lograr nada… y estallé en llanto, esta vez con alaridos y gemidos, moco y saliva por todo lado.

Ella empezó a decirme que no me entendía nada, y para mí no era necesario que me entendiera. Estaba decidido a morirme aquella tarde, así que solo seguía hablando y la saliva se apoderó de mi boca, fue entonces cuando se preocupó de verdad. Ya no estaba enojada, le vi miedo en su rostro.

“¿Qué te pasa?”, preguntó… le volvía a dar mi guion de despedida, que no valía la pena seguir viviendo y demás. Ella comentó que yo estaba equivocado. Eso por alguna razón me hirió y fue entonces cuando decidí saltar al rio.

Me levanté enojado, la miré y le dije que me iba a matar, di media vuelta en busca de la puerta. Ella dio un salto y me sujetó del brazo. “No vaya a hacer pendejadas”, le dije que me quería matar y sacudí mi brazo para liberarlo.

Ella lo soltó y corrió para detenerme: “¿Qué va a hacer?”, preguntó, “me voy a tirar de un puente”, fue mi respuesta. “No sea bobo”.

Anny no sabía si creerme o no, pero solo fue hasta que usé mi fuerza para quitarla de mi camino que entendió que hablaba en serio. Estaba tan enojado que no me importaba si la lastimaba o no, quería salir de ahí y acabar con todo. Pero mi fuerza no fue suficiente. Me enojé más.

La ansiedad de morir envolvió mi mente, así que me di vuelta y corrí a la cocina en busca de un cuchillo, y de nuevo ella me volvió a detener. “¿Que estás haciendo?” me decía, y volvía a sacar el discurso de que mi vida no valía nada. 

Me abrazó y me dijo “No más, ya no quiero que digas eso”, y entonces vi algo que me despertó, algo que me prometí a mí mismo no hacer. Ella lloraba, lloraba por mí. Eso me partió el alma. Había roto mi promesa.

Me dijo que no quería que la dejara sola, que sí servía para grandes cosas, que mi vida no era patética como yo decía, que ella me ayudaría a superar todo, que estaba orgullosa de mí, que ella me admiraba y más cosas que no recuerdo porque solo estaba viendo a esa mujer tan fuerte como lloraba por mi culpa. Empecé a llorar también.

Me di cuenta de que era un tonto. Cómo era capaz de dejar al amor de mi vida. No quería dejarla sola, no quería que llorara de esa manera, y menos por mi culpa. La abracé y le dije que ya no lo haría. “Eres la única que ha estado conmigo. No pienso dejarte de esa forma”.

Y finalmente lloramos juntos.

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Somos un equipo, no me dejes sola porque si te vas…

Algo así pasó. Aquella experiencia fue algo que nos marcó tanto a ella como a mí, pero quería escribirla aun cuando fuera muy personal. 
Hoy en día me doy cuenta de que a pesar de todas esas dificultades que se me han presentado en mi vida, la tuve (y espero tenerla para siempre) a ella. 

Hay muchas veces que he pensado en acabar con mi vida, pero al final sé que no importa nada, al final solo te mueres y nadie va a sentir lastima por ti para siempre, nadie va a llorar por ti lo suficiente, nadie podrá ayudarte más, nadie podrá quererte más de cómo te quiso en vida. Al final te mueres, y tarde o temprano la gente se olvida de ti.

Por eso he pensado mucho últimamente que vale más hacerlo mejor que pueda en vida, para que la gente me recuerde por lo que hice, y no por lo que “puede” haber hecho. Puede que no sea una persona, puede que sea un ideal, una meta, un fin, un miedo por superar…No hay excusa para terminar todo por anticipado. 

Si no me amo yo mismo, nadie me va amar de la misma manera. 

Lamento la historia triste.


Han pasado cosas hermosas, tristes, duras, amargas y dulces en mi vida. Pero sigo vivo, motivado, enamorado, y con muchas ganas de vivir Cuando te sientas a punto de cometer una locura, recuerda que nada vale más la pena, que vivir. Lo es todo.

Actualizado el 22 de Junio del 2020