Esa sensación mientras ocurre…
¿Alguna vez has pensado que vas a morir? Yo lo he sentido dos veces en menos de una semana.
Esa sensación tan amarga que genera la simple presencia de la muerte, es tan desagradable que preferirías que todo acabara de una vez, y no seguir siendo presa de su escalofriante y putrefacta presencia, la cual se apodera de ti con una gama de sentimientos de temor y tristeza que embiste tu fuerza y tu cordura.
Pero no es el morir lo que da miedo; es el proceso al que más le temo.
Porque uno se muere, y muerto queda: sin tribulaciones ni dolor, solo se va. La conciencia que nos pesa tanto, y esos aspectos decorativos que nos separan de los animales son desechados y somos devueltos a ese ciclo biológico en la cual estamos implícitos. No solo esa parte humana, sino esa cadena alimenticia de la cual pertenecemos sin siquiera recordarlo, y que aquel principio teológico: polvo eres y en polvo te convertirás nos recuerda, o por lo menos a mí, que no somos mucho ante la despiadada naturaleza.
No importa nada de esto cuando estás en el proceso, no sabes si sobrevivirás o deberás decir adiós. Solo te invade la penuria y el desespero. Ves tu vida ante tus ojos, esos fragmentos que resaltan sobre acciones tristes, absurdas o patéticas, pero nunca esos momentos felices. Creo que por el hecho de que no recuerdas nada bonito en esa película, esa sensación tan deprimente se apodera uno en aquel momento, y no te das cuenta si viviste bien o mal, sino que entiendes que te faltó hacer, que no intentaste algo que querías, que hiciste cosas de las que estás avergonzado y, sobre todo, que NUNCA nada de lo que hiciste valió la pena porque pudiste hacerlo mejor, estar mejor, ser mejor, y no porque no fuera meritorio.
Me he visto sucumbir muchas veces, al igual que muchos. El desespero de acabar ahogado, sin salvación, sin ayuda, sin forma de evitar ceder la vida a la oscuridad, nos convence de que no podemos más que pujar y obtener la suficiente fuerza pulmonar y cardíaca para no dejarnos acoger de la desdichada muerte, que toma los recuerdos y obliga ferozmente a recurrir a nuestra naturaleza primitiva: Cobardía.
El miedo circula por las venas y arterias, el sistema endocrino se vuelve loco y los músculos se contraen. Solo duele una a una, esas percepciones que aparecen y van de un lado a otro en tu ser. En el caso de un ataque asmático como yo, te sientes sin ningún tipo de remedio. Inhalas y exhalas con todas tus fuerzas porque quieres vivir e involucras esa manía de querer seguir sufriendo, de remediarte o reivindicarte contigo mismo, con los que amas, e incluso con los que odias.
Muchas veces el olvidarse del resto del mundo, porque solo piensas en tu tortura y agonía, hace más llevadera esa abrumadora situación. No piensas cuanto dolor podrás generar una vez te vayas. No surgen esas preguntas viles: ¿Acaso se pondrán tristes por mi partida? ¿Alguien de verdad me extrañará? ¿Podrán sobreponerse fácil a mi muerte? ¿Tendrán dinero suficiente para el velorio o mi ataúd? ¿Ese o esa que tanto me odiaba, le haré falta o capitularé su victoria sobre mí? La respuesta que debes tener previo a ese cuestionario, es porqué deberíamos pensar en ello. ¿Acaso importa? No, porque nunca pensamos en los demás, y eso es porque nuestra naturaleza humana nos ha persuadido a través de ese fatídico miedo, que solo da a entender que solo eres uno y que no eres suficientemente fuerte para luchar contra esa opresión como para estar desviándote a gente que no te puede auxiliar ni siquiera en ese momento tan trágico.
Tu fuerza y a tu afán por no morir, o morir más pronto que tarde y no alargar la agonía, te demuestra que somos seres egoístas: Somos de lo peor.
Eventualmente también nos percatamos de lo intrépidos y gallinas que somos. No queremos morir y tampoco sufrir: “Tememos irnos”, pero aun así no dejamos esa parte tan banal de la cual somos parte y volvemos a ser inmediatistas. Preferimos acabar y tirar todo a la basura a cambio de ese beneficio momentáneo, dejando a un lado la vida, preferimos sentir el placer de esa “paz” antes de acabar y así dejar a un lado las cosas que tenemos e irnos, pero recuerden lo importante, no es la vida, no es lo recorrido, ni el miedo, lo realmente importante, es dejar de sufrir.
Patético.
Al final de cuentas nadie quiere morir, nadie quiere abandonar este mundo, no porque creemos que nos falta mucho por hacer o porque debemos reivindicarnos antes de dar el gran paso. No, la respuesta va más allá de lo que nos decía la vieja Grecia con su antropocentrismo y peculiaridad de fortaleza en el alma y honor como raza, sino que es más simple y más deplorable de lo que podemos imaginar: “Porque somos egoístas”.
Somos tan débiles ante la muerte.
Las personas que no quieren irse porque creen que tienen muchas cosas por hacer, por vivir, por entender de la vida, no han pensado NUNCA que su vida va a terminar, porque sentimos la necesidad de no irnos, y el fenómeno de que nadie piense en eso antes o después de ello, es muy fácil de describir: Nos creemos eternos. No somos conscientes de ello hasta que pasa.
No estoy diciendo que piensen todos los días en cómo van a morir, ni como lo harán, sino que reflexionemos sobre el tema ya que no es tan difícil hacerlo. Vivir es hermoso, y cuando somos jóvenes tenemos el concepto que podemos hacer todo lo que deseemos, no estoy diciendo que está mal, solo que siempre debemos recodar lo frágiles que podemos llegar a ser.
Por eso los invito a que piensen no en los demás si no quieren, sino en ustedes. Si fuera mañana el día de su muerte, acaso ¿creen que han vivido plenamente? ¿Les ha faltado algo por hacer? ¿Le han dicho a su mamá, papá, hermanos, familia “Gracias por todo”? ¿Han vivido esa etapa del amor, tan cruel para los seres humanos, al límite? ¿Tendrán quejas los demás de ustedes? ¿Han perdonado esas personas que los hirieron?
No sé si pueden ver lo mágico que puede traer la muerte tras de ustedes, pero para mí, que antes de los 8 años había sido visitada por ella algunas veces y no me acogió en sus brazos, me parece que la muerte es el motivante más fuerte para vivir. Porque NADIE sabe cuándo va a suceder, por ende, los invito a vivir como si fueran morir pronto, porque quien quita y de verdad mueran mañana.
